‘Tinker Taylor Soldier Spy’, unos espías elegantes

Me gustan las películas de espías. Me entretienen como pocas. Las buenas claro. Y las buenas para mí son las que me hacen perderme y estar durante toda la película averiguando qué me quieren contar. ‘Tinker Taylor Soldier Spy’ es una de ellas. Solo tiene un fallo a la hora de encontrar quién es el asesino: el reparto.
Con unos actores tan buenos, ‘El Topo’, adaptación del título a la española, sitúa a John Hurt y a Mark Strong como estrellas principales en un inicio. Gary Oldman es la tercera figura en entrar en el triángulo. Cada uno tiene sus tareas o más bien deja de tenerlas, así que falta uno por situar en primera línea: Colin Firth. Un actorazo como él no puede estar en un segundo plano tan flojo durante todo el largo. Y ahí es donde puedes ir por delante unos pasos. Vamos, un punto flojo más absurdo que otra cosa ya que la historia en sí te mantiene haciendo cábalas y quinielas sobre cómo acabará todo. Descarto a Tom Hardy desde un inicio porque está claro que es el romántico de la historia, el rebelde.
Entre medias hay sorpresas, líos muy bien establecidos. La historia se enreda por sí sola gracias a una lista de personajes que Tomas Alfredson como director maneja bien, y Bridget O’Connor y Peter Straughan adaptan mejor de la novela de John le Carré. Enredos amorosos como punto débil de todos los grandes espías, que, como en todas las películas del género, aparecen divididos de forma maniquea entre los buenos y los malos. Los primeros caen por líderes inútiles (en este caso políticos) mientras que aúpan a los segundos porque ofrecen resultados inmediatos. Efímeros, falsos y peligrosos, pero inmediatos y pintones. Aquí de lo que se trata no es de hacer bien el trabajo, sino de aparentar y tener resultados cada equis tiempo. Gary Oldman es, por tanto, el paladín de las causas perdidas. Muy bueno en su papel.
Con una historia que al final sigue siendo A+B+C=D y unos actores muy buenos lo que viene a cambiar el resultado final es el envoltorio, la forma de contar todo. Ahí aparece el montaje de Dino Jonsäter. Para mí lo es todo. Gracias a él me estoy pensando quién era quién (soy horrible para retener nombres) y gracias a él vamos uniendo unas historias con otras sin que chirríe la máquina. Un desarrollo inductivo en el que se van mostrando los datos y en el cual la intriga de saber si estás perdido o no es atractiva. La satisfacción de casar los fragmentos desperdigados es una sensación atractiva para mí en este tipo de películas.
Las conclusiones sobre las absurdeces de la Guerra Fría, la política, los espías y el comportamiento de los hombres en su trabajo (en general) darían para extenderse más pero es un sábado por la tarde.




