La piel que habito, los detalles que me gustaron

Ayer vi ‘La piel que habito’. Tenía muchas ganas por curiosidad, por saber qué había hecho y por la habitual dualidad que genera Pedro Almodóvar. Críticas a favor y en contra, con un insufrible Boyero como el rey de la granja. Antes de entrar al cine deseaba que me gustase sólo por no darle la razón. Esto no quita a que diga ahora que me encantase como si estuviese forzado a ello. Sólo es un simple detalle. Todas las últimas del cineasta español me han gustado mucho.
De la película de ayer me quedo con varios detalles:
Los planos aberrantes: soy muy fan de este tipo de plano cuando está bien usado, como en ‘El tercer hombre’ de Carol Reed. Almodóvar los emplea varias veces con gran acierto (como mínimo en tres ocasiones) al situar la cámara desde el segundo piso de la casa.
La banda sonora: enorme Alberto Iglesias. Sobra reiterar su papel como figura del cine español. En La piel que habito logra crear una chaqueta a medida con todo en su sitio. Llegó un punto que no sabía si incluso la película estaba hecha para la música o al revés. Qué ritmo, qué manera de crear tensión en los momentos más intensos pero sobre todo, qué buen hacer en los momentos más difíciles, los lentos, los de poca carga argumental. Ahí es donde más me gustó la banda sonora.
Los planos detalle: la película está muy bien montada y dirigida. Aquí se podría incluir el habitual elogio a la fotografía de Almodovar con José Luis Alcaine como responsable pero me quedo más con los detalles y la manera de escoger según qué planos para contar la historia. Semejante relato se puede narrar de muchas formas y ahí es donde a mí me gusta ver a según qué directores. Al final es como en la música, me da igual qué estén cantando si la melodía es buena. Almodóvar cuida con un gusto exquisito esos detalles innecesarios pero que están ahí. El momento de colocarse los guantes en el quirófano fue uno de mis favoritos. En ‘La piel que habito’ abundan planos de este estilo de principio a fin.
Los colores: más fotografía, más elogios de siempre. Abrevio: la escena de la cocina entre Marisa Paredes y Antonio Banderas en un plano contraplano. Él sentado y ella de pie. En el plano de la mujer un tomate y un limón (si no recuerdo mal). En el plano del hombre una fruta roja (creo). De esta manera se crea una unión entre ambos planos sostenida por los elementos habituales a los que se suma este detalle de color, nada casual. Y como éste, varios.
Cambio de sexo: me gustó el plano en el que ella anda con la cámara sacándole un poco de la espalda y con el corte de pelo me recordó a un plano similar usado en ‘La mala educación’ con Gael García Bernal en un movimiento parecido. Lo curioso es que aquí la historia es al revés.
Cine de mujeres: cuando en una película al final podría tener el protagonismo un hombre va él y le da la vuelta. Siempre son las mujeres las que dominan su cine, al menos el instinto más femenino que masculino.
Y así podría sacar algún detalle más, pero me quedo sobre todo con estos. Gran película de Almodóvar.