Publicado el Domingo, 27 Mayo 2012

Shame, siempre el sexo es pecado

Me había resistido a ver Shame por evitar el hype que siempre me condiciona (para bien o para mal) y porque al conocer la temática que abordaba tenía reparos de ver otro título sobre sexo. Al final me puse a ello por recomendación de LeeVanCleef. Por desgracia, los prejuicios previos fueron reales.

Shame tiene un envoltorio impecable. No conocía a su director Steve McQueen pero debe ser uno de los nombres actuales a seguir (pendiente de ver su título previo, Hunger, del cual también dicen maravillas). Su propuesta visual en Shame no decepciona a quienes nos gustan los planos largos, los contextos visuales que están diciendo más del personaje que estos cuando hablan (la obsesión por el exterior del protagonista con las ventanas, que le vean, etc.; entre otros detalles de la cinta), una mezcla de todo tipo de planos, desde largos travellings hasta planos detalles, aunque por lo general tienen bastante movimiento, también hay opción a otros como el momento de la canción con ella aportando el dramatismo. Los actores muy bien, Michael Fassbender es uno de los mejores en este momento, transmite sensaciones con la mínima postura y con una buena naturalidad. Y paro, porque esto iba a ser breve.

El problema: el tema. Más concreto: cómo se afronta y lo que viene a decir. El sexo de nuevo como pecado. Ya ando un poco cansado de ello. En la película hay sexo, sí. ¿Gratuito? No. ¿Acaso no son gratuitas tantas otras chorradas? El director cuenta con Abi Morgan (La dama de hierro, Sex Trafic -¿será igual el enfoque?-) como coguionista. Ambos plantean una historia en la que al final el problema es el sexo. Una vez más. No lo es el trabajo, el dinero, la manera de afrontar la vida, tres mil bobadas más. No, el sexo.

El protagonista es un adicto a ello y por eso ya está pervertido. Su pasión es el sexo en todas sus variantes y por eso está podrido por dentro. La música clásica ayuda a dramatizar aún más su perfil de persona pudiente, hecha a sí misma, ganador pero cómo no… con un defecto. ¿Cuál? Fácil. Lo peor es cómo siempre nos acaban vendiendo el sexo de esta manera.

Si el hombre perfecto estuviese todo el rato viendo vídeos de gatitos, leyendo cosas de Murakami o escuchando a Steve Reich las 24 horas entonces sí que no tendría defectos. Esos vicios obsesivos están bien vistos, que a él le guste ver sexo y practicarlo no. Siempre me hacen gracia los tabúes estúpidos en torno a este tema, más aún, cómo enseguida la sociedad más conservadora que las bragafajas coge una película así y la eleva a obra cumbre. Al final el cine sirve a la perfección para verse reflejado, no saberlo y criticar a este pobre hombre que al final es igual que muchos de los que le linchan (jefe incluido). Bien.

Me jode que el discurso acabe con el protagonista sintiéndose culpable en varias situaciones cuando al final lo único que hace es disfrutar de la vida. ¿Qué le gusta ese tema? Pues bien. ¿Que se siente solo, deprimido, no realizado, blablabla y acaba utilizando al sexo como escape? Pues mejor aún. ¿Acaso no escapamos todos con mil chorradas como libros, al ver esta propia película o viendo vídeos de gatos? Nosotros estamos por encima de este buen hombre porque no estamos obsesionados con el sexo. O sí, pero no nos hacen una película en torno a nuestra persona, tampoco lo decimos ante nuestros amigos por el qué dirán y menos ante nuestra pareja.

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El blog de Natxo Sobrado, periodista sobre música (Hipersónica) y moda (Trendencias, el cual coordino, entre otros) en Weblogs SL. Cofundador del sello Efervescente Records.